đ”đČ El paĂs de hoy es San Pedro y MiquelĂłn. El euro circula ahĂ nomĂĄs, frente a Newfoundland. En el muelle de Saint-Pierre, el aire huele a algas marinas, diĂ©sel y mantequilla tibia de la panaderĂa de la mañana. La gente entra a las tiendas con un bonjour rĂĄpido, mira el tablero del ferry a Miquelon y habla del tiempo porque la niebla decide mĂĄs que el reloj. Lo que llama la atenciĂłn no es tanto la novedad de Francia en NorteamĂ©rica, sino lo normal que se siente despuĂ©s de diez minutos. đâŠ
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